El poder de la nutrición (1ª parte) Cómo los alimentos determinan nuestra salud

Los profesionales de la salud, en todo el mundo, enfrentan una profunda crisis: a pesar de los avances de la farmacología y de los tremendos esfuerzos personales y financieros de los sistemas de salud, las enfermedades crónicas, denominadas no transmisibles (ENT) no se pueden tratar adecuadamente 1). Más del 50% de todos los años de vida ajustados en función de la discapacidad (AVAD), los cuales representan el número de años perdidos por causa de la mala salud, la incapacidad y la muerte temprana 2) y casi el 70% de las 55 millones de muertes globales anuales 3) se pueden atribuir a las enfermedades no transmisibles.

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Las enfermedades cardiovasculares, la diabetes, la obesidad y el cáncer no disminuyen y continúan aumentando: en las últimas tres décadas, solo las muertes por enfermedades cardiovasculares han aumentado un 40% 4)), mientras que las muertes por causa de la diabetes han aumentado un asombroso 93% 5).

Además del efecto de deterioro que las enfermedades no transmisibles tienen sobre las vidas de las personas también son una preocupación en términos económicos. Se calcula que antes del año 2040, el gasto global en salud aumentará de 9 a 24 billones de dólares al año 6)con hasta la mitad de este gasto debido a las enfermedades no transmisibles 7).

Una vida más prolongada con buena salud

Mientras las enfermedades no transmisibles aumentan en todo el mundo, hay poblaciones que son la excepción a estas dinámicas alarmantes.

Las poblaciones de las llamadas zonas azules viven vidas más sanas y prolongadas que el promedio, al mostrar un número excepcionalmente alto de personas sanas y activas de más de 90 años.

Las cinco zonas azules se encuentran en Sardinia (Italia), Okinawa (Japón), Loma Linda (California, EE. UU.), la península de Nicoya (Costa Rica) e Icaria (Grecia). A pesar de su diversa distribución geográfica, las poblaciones de las zonas azules comparten hábitos de estilo de vida similares 8). Uno de los hábitos de mayor influencia que todos comparten es lo que comen.

Las dietas tradicionales son esencialmente de alimentos integrales y a base de plantas, enfocadas en muchas frutas, vegetales, legumbres, granos enteros y papa u otros vegetales feculentos. También se usan muchas especias y hierbas, por ejemplo la cúrcuma, el jengibre y el ajenjo en Okinawa. La carne se consume con mucha moderación, por ejemplo, como alimento de celebración o un pequeño plato una o dos veces a la semana. Este patrón crea una alimentación generalmente con baja densidad calórica, grasa y sodio, con relativamente pocas proteínas y rica en micronutrientes, fitoquímicos y carbohidratos complejos.

Pero ¿puede realmente la nutrición ser la razón principal de la salud excepcional y la longevidad en la zonas azules?

Tus alimentos te construyen y te impulsan

Cada función corporal depende de la ingesta adecuada del sustrato correcto, por ejemplo: los nutrientes y el metabolismo, es decir, el procesamiento correcto del sustrato. Es decir, las proteínas sirven como elementos estructurales y constituyentes de las enzimas, el motor de nuestro metabolismo. Los carbohidratos se usan principalmente para procesos que requieren energía y los ácidos grasos cumplen ambas funciones y son, por ejemplo, también necesarios para la comunicación celular. Pero de nuestros alimentos no solo proviene la energía, también nos suministran sustancias esenciales como vitaminas y minerales que funcionan como factores de apoyo para que nuestro metabolismo funcione adecuadamente.

Tomando en consideración todo esto, uno se puede imaginar fácilmente cómo la cantidad y la composición de los alimentos que consumimos puede influenciar nuestro desarrollo y nuestras funciones corporales de manera poderosa. El exceso o falta de uno o más tipos específicos de sustratos que un individuo necesita puede llevar a síntomas de deficiencia, a un declive acelerado, como el envejecimiento o a una de las muchas enfermedades no transmisibles.

Tu alimentación influye sobre tus genes

Pero los alimentos y sus componentes son mucho más que solo un sustrato para nuestro soporte físico y suministro de energía. Hay estudios que demuestran que la alimentación tiene un impacto sobre nuestros genes, aún sobrepasando las generaciones.

A esto se le llama epigenética, los cambios hereditarios en la expresión de los genes debido al medio ambiente y al estilo de vida, los cuales no vienen acompañados de alteraciones en la secuencia misma del ADN. Varios estudios en humanos, animales y cultivos de células han demostrado que los nutrientes alimentarios regulan la expresión genética. La influencia es enorme y comienza aún desde el feto. La nutrición de la madre determina no solo el desarrollo del feto, también el estado de su salud más tarde en la vida, como la obesidad, la resistencia a la insulina, la diabetes tipo 2 y aún las preferencias alimentarias 9). La metilación del gen factor de crecimiento insulínico tipo 2 (IGF2) es un modulador del crecimiento y desarrollo fetal de un recién nacido y podría verse que una alimentación deficiente durante el embarazo conlleva a menos metilación de este gen 10)). En contraste, una alimentación maternal densa en calorías conlleva a la obesidad y altera epigenéticamente la estructura de la cromatina fetal en primates por medio de modificaciones covalentes de las histonas, lo cual permite la regulación hereditaria del gen sin alterar la secuencia nucleótida 11). De manera similar, la obesidad materna durante el embarazo aumenta el riesgo de obesidad en los descendientes de ratones por medio de la metilación alterada y la expresión de los genes relacionados con la dopamina y los opiáceos, incrementando así la preferencia por alimentos ricos en grasa y azúcar 12). No solo la ingesta de macronutrientes durante el embarazo influye en los cambios metabólicos en la vida adulta de los humanos, los micronutrientes también lo hacen. Se descubrió que una deficiencia en las concentraciones de vitamina B12 y folato durante el embarazo conlleva a la resistencia a la insulina en la descendencia 13). Otro estudio clínico pudo demostrar que el mecanismo subyacente del uso de ácido fólico alrededor de la concepción, se asocia a los cambios epigenéticos en el gen IGF2 en el infante lo cual puede afectar la programación intrauterina del crecimiento y el desarrollo, influyendo en la salud y la enfermedad durante toda la vida14).

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Tus elecciones alimentarias son importantes

Mientras no tenemos influencia sobre la alimentación de nuestras madres, la buena noticia es que parece que nosotros mismos podemos inducir cambios epigenéticos. Varios estudios en humanos, animales y cultivos celulares han demostrado que los macronutrientes, por ejemplo: los ácidos grasos, micronutrientes como las vitaminas y los compuestos vegetales secundarios como los flavonoides, los carotenoides, las cumarinas y los fitosteroles, los cuales se forman naturalmente en los alimentos, están directamente involucrados en las reacciones metabólicas e incluso en la regulación de la expresión genética. Algunos bioquímicos de los alimentos como la genisteína que se encuentra en la soya o el sulforafano, un isotiocianato producido por los vegetales crucíferos como el brócoli, son ligandos para los factores de transcripción y así altera directamente la expresión genética y las vías de influencia dentro del ciclo celular. Se descubrió que regulan la expresión y la actividad de enzimas esenciales al activar y silenciar genes específicos los cuales están, por ejemplo, involucrados en el envejecimiento y la formación del cáncer 15)16)17).

No es solo sobre tus genes

La nutrición no solo influye en NUESTROS genes, también tiene un impacto sobre la presencia y los genes de los billones de microbios que habitan nuestro cuerpo, especialmente nuestro intestino. Estos microbios influyen en nuestro metabolismo, nuestro sistema inmunológico y nuestra función cerebral y también tienen un impacto sobre nuestros genes. De manera interesante, se ha encontrado que, la microbiota intestinal de pacientes con ciertas enfermedades, como el alzhéimer, la depresión, la diabetes, la artritis reumatoide y las enfermedades inflamatorias intestinales difiere de los sujetos sanos de control18). Se ha descubierto que podemos influenciar la composición de nuestros microbios intestinales a través de la alimentación. Una alimentación baja en fibra derivada de plantas y rica en productos de origen animal conlleva a la reducción de los microbios que producen ácidos grasos de cadena corta AGCC y se ha sospechado que estos cambios son el factor desencadenante de enfermedades inflamatorias 19). En contraste, el consumo de más alimentos vegetales ricos en fibra aumenta aquellas bacterias responsables de la formación de AGCC usando estas fibras. Los AGCC, a su vez, afectan el metabolismo de los lípidos, de la glucosa y del colesterol y sirven como sustrato energético para las células del cerebro y de la mucosa del intestino. De esta manera mantienen sanas las paredes del intestino y forman el enlace en el eje cerebro/intestino al pasar la barrera hematoencefálica. También, se ha demostrado que el butirato AGCC puede proteger el cerebro y mejorar la plasticidad en los modelos de enfermedad neurológica 20).

Así que alimentándonos nosotros mismos y a nuestros microbios intestinales con los alimentos adecuados tiene un gran potencial para influenciar nuestra salud de manera beneficiosa.

Mirando estos efectos poderosos de los alimentos en nuestro metabolismo, nuestros genes y nuestro microbioma, ¿los podemos traducir en una alimentación específica? Veamos la información epidemiológica y clínica existente hasta ahora.

La evidencia epidemiológica

Una dieta que ha sido el centro de la investigación sobre la salud general durante las últimas décadas es la mediterránea, rica en frutas, vegetales, granos enteros, legumbres y frutos secos e incluye un poco de aceite de oliva, pescado y muy poca carne. Los datos de estudios potenciales demostraron que la adherencia a la dieta mediterránea se asoció con una reducción de un 23% en el desarrollo de diabetes tipo 2 21), más de un 50% de reducción en el riesgo cardiovascular 22)y casi un 50% de reducción en el de mortalidad por todas las causas 23) , además de un potencial rol protector con respecto a la prevención de los desórdenes causados por la depresión 24). De manera interesante, en la población mediterránea, una alta ingesta de frutas y vegetales fue inversamente asociada a niveles de presión sanguínea, a pesar de una alta ingesta de grasa 25).

Otro patrón alimentario que promueve el consumo de frutas, vegetales, legumbres, granos enteros y frutos secos, que contiene algunos lácteos bajos en grasa, aves y pescado, mientras que intenta reducir la ingesta de carne roja, dulces, bebidas con contenido de azúcar, grasa total, saturada y colesterol es la dieta DASH. En un estudio potencial se descubrió la evidencia de los efectos protectores del sistema cardiovascular de la dieta DASH: el ajuste a ésta tuvo como resultado un riesgo de infarto un 20% más bajo, un riesgo un 13% menor de incidentes totales de enfermedad cardiovascular y mortalidad relacionada con ésta y la mortalidad relacionada con la enfermedad cardiovascular también mostró fuertes asociaciones inversas con DASH, en concordancia con un contexto en el Reino Unido 26).

Así que obviamente la alimentación a base de plantas parece desempeñar un rol esencial cuando se trata de la salud y la prevención. Esto fue corroborado con observaciones adicionales de grandes cohortes, como el Estudio de Salud de Enfermeras (Nurses Health Study) y el Estudio EPIC Oxford (European Prospective Investigation Into Cancer and Nutrition) o Estudio de la Salud Adventista (Adventist Health Study), los cuales brindaron información sobre las diferentes formas de alimentación que las personas seguían, así como algunos alimentos y su correlación con enfermedades específicas.

Se descubrió que los ovolactovegetarianos y los veganos tenían niveles de colesterol total y LDL más bajos27), presión sanguínea más baja 28)29)y una tasa de mortalidad reducida por enfermedad cardiovascular en comparación con personas que comían carne 30)31).

Los veganos y los vegetarianos también tuvieron un riesgo significativamente reducido (12% a 15%) de mortalidad por todas las causas 32), riesgo de cáncer aproximadamente un 16% a 19% más bajo 33)34)y una reducción de 60% en el riesgo de diabetes mellitus tipo 2 35)36) que los no vegetarianos.

Cuando los investigadores analizaron alimentos específicos, se pudo ver que el consumo de carne y queso estuvieron positivamente asociados y que la ingesta de fibra fue inversamente proporcional a la concentración total de colesterol tanto en hombres como en mujeres 37). Específicamente, los frutos secos y los granos enteros parecen reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares mientras que los carbohidratos refinados y la grasa trans aumentó el riesgo. También, una alta ingesta de vegetales, especialmente los de hoja verde, redujo el riesgo de enfermedad arterial coronaria y deterioro cognitivo 38)39).

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Evidencia clínica

Entre los tantos diseños de estudios, el nivel estándar máximo para comprobar tratamientos y terapias son los ensayos controlados aleatorios (Randomized Controlled Trials - RCTs). Así que veamos si la alimentación también pasa esta prueba.

De hecho, estudios clínicos recientes confirman el poder de la nutrición en el contexto de la enfermedad. En un ensayo controlado aleatorio el seguimiento de una dieta mediterránea se asoció con la metilación de los genes relacionados con la inflamación, lo cual parece estar relacionado con los efectos favorables de la dieta sobre el riesgo cardiovascular, la presión sanguínea, la inflamación y otras complicaciones relacionadas con la excesiva adiposidad 40). Varios estudios clínicos sobre la dieta DASH mostraron que el ceñirse a ella también mejoró los factores de riesgo cardiovascular y pareció tener efectos beneficiosos mayores en sujetos con un exceso de riesgo cardiaco y metabólico 41).

Pero ¿es la reducción de la carne o el aumento de la fibra vegetal los responsables de los efectos beneficiosos?

Pueden ser ambos. En ensayos controlados aleatorios, la sustitución de proteína animal con proteína vegetal disminuyó el colesterol LDL y la apolipoproteína B 42). Y lo mismo sucedió con la fibra. Mientras que desempeña un papel importante en nuestras bacterias intestinales, también influencia los lípidos sanguíneos y el β-glucano polisacárido, que se encuentra en la cebada y la avena, tuvo un efecto significativo sobre el colesterol LDL y el total 43)44).

Al analizar otras enfermedades no transmisibles como la obesidad, la diabetes y la artritis reumatoide, específicamente las dietas a base de vegetales, mostraron un gran potencial terapéutico. Una dieta vegana baja en grasa mejoró la función de las células β y la resistencia a la insulina en 16 semanas 45). También el peso corporal se podría reducir significativamente en sujetos obesos a través de una intervención con dieta a base de plantas 46), aunque no haya restricción calórica 47). Los pacientes con artritis reumatoide, que inicialmente ayunaron durante 7 a 10 días y primero se les sometió a una dieta vegana y luego a una vegetariana, mejoraron sus síntomas significativamente en comparación con un grupo de control 48).

Conclusión

Considerando que solo unos pocos factores de riesgo por el estilo de vida causan hasta un 80% de las muertes prematuras 49) , cada uno de nosotros tiene el poder de cuidar nuestra propia salud. Más específicamente, la nutrición tiene el potencial para prevenir y revertir muchos de los problemas de salud más apremiantes de nuestros tiempos ya que el mayor factor de riesgo para la calidad de vida y años de vida perdidos es la alimentación deficiente 50).

Los diferentes mecanismos en los que los alimentos tienen un impacto en nuestro metabolismo, nuestros genes y nuestro microbioma, así como la evidencia epidemiológica y clínica, señalan insistentemente en la misma dirección. Mientras más alimentos vegetales integrales incluya una dieta, mejor será la salud de las personas y menor la incidencia de enfermedades crónicas.

Al utilizar este poder de la nutrición como profesionales de la salud en prevención y terapia, aumentamos la posibilidad de restaurar verdaderamente la salud y de detener nuestra crisis de enfermedades crónicas.

Juntos podemos empoderar a nuestros pacientes, salvar y mejorar sus vidas y las de sus familias. Podemos reducir significativamente los costos de los servicios de salud al redirigir las fuentes de financiación hacia las áreas médicas, en las cuales éstas se necesitan con urgencia. Y por último, pero no menos importante, podemos reducir la inmensa presión que sabemos que tienen los profesionales de la salud y crear un ambiente más satisfactorio tanto para los pacientes como para nosotros mismos.

Este es el artículo introductorio de nuestra serie "El poder de la nutrición":
1ª parte: Cómo los alimentos determinan nuestra salud
2ª parte: La carga global de las enfermedades no transmisibles
3ª parte: Las zonas azules
4ª parte: Epigenética
5ª parte: El microbioma humano
6ª parte: ¿Cómo nos beneficia la nutrición?
7ª parte: La claridad de la evidencia

Bibliografía   [ + ]

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