Prevenir y tratar la hipertensión con la alimentación (3a parte)

Estudios observacionales sobre la alimentación y la presión arterial

Debido a su enorme relevancia médica y de economía de la salud, se ha invertido mucho esfuerzo en realizar estudios epidemiológicos enfocados en la hipertensión y su asociación a factores nutricionales. Al brindar sólo un indicio, con respecto a las relaciones causales potenciales, ¿qué dice la evidencia observacional reciente sobre la alimentación y la presión arterial?

stethoscopeEn general, los estudios observacionales indican que una alta ingesta de ciertos grupos de alimentos como los granos enteros, las frutas, los frutos secos, los huevos y los lácteos se asocia inversamente al riesgo de hipertensión, mientras que el consumo de carne roja y procesada y de bebidas azucaradas aumenta el riesgo de presión arterial alta. Según un metanálisis de 28 estudios de cohorte prospectivo, la asociación sigue una curva de respuesta a la dosis1). Sin embargo, los autores del estudio calificaron la metaevidencia de su estudio de muy baja a baja y afirman que se necesita investigación adicional, de alta calidad, sobre las intervenciones alimentarias y la presión arterial, para ofrecer recomendaciones concretas. Trataremos sobre la evidencia de estudios de intervención en la quinta sección de este artículo.

Los grupos de alimentos y la presión arterial

Los granos enteros y refinados

El antes mencionado metanálisis de Schwingshackl y sus colegas2) examinó cuatro estudios de 28.069 casos de incidencia de hipertensión y descubrió una relación inversa entre el riesgo de hipertensión y la ingesta de granos enteros, al comparar la ingesta más alta frente a la más baja (RR: 0.86; 95% CI: 0.79, 0.93). Un incremento en la ingesta de granos enteros de 30 g/d se asoció de manera inversa al riesgo de hipertensión en un 8% (RR: 0.92; 95% CI: 0.87, 0.98) al seguir una curva lineal de respuesta a la dosis.

En contraste, su análisis de tres estudios enfocados en los granos refinados, el cual incluyó a 18.842 sujetos, no mostró asociación al riesgo de hipertensión (RR: 0.95; 95% CI: 0.88, 1.03).

Las frutas, verduras y legumbres

El metanálisis mencionado de Schwingshackl y sus colegas3) descubrió una asociación inversa entre el consumo de vegetales y el riesgo de hipertensión, al comparar la no ingesta diaria de vegetales frente a un consumo de 512 gramos (RR: 0.96; 95% CI: 0.91, 1.01). Se incluyeron 8 estudios. Con respecto a las legumbres, los investigadores también descubrieron una relación inversa al comparar la ingesta diaria de 0 frente a 71 g/d (RR: 0.92; 95% CI: 0.86, 0,98).

Esta asociación fue similar con las frutas (RR: 0.93; 95% CI: 0.87, 1.00). También, un aumento en el consumo de frutas de 100 g/d estuvo inversamente asociado al riesgo de hipertensión (RR: 0.97; 95% CI: 0.96, 0.99) al mostrar una relación de respuesta a la dosis.

Estos resultados son consistentes con los hallazgos de otro metanálisis que incluye un total de 25 estudios con 334.468 pacientes (41.713 casos) realizado por Li y sus colegas4). Al comparar el consumo más alto y el más bajo, los riesgos de hipertensión relativos agrupados fueron de 0.812 (95% CI: 0.740, 0.890) para las frutas y verduras, 0.732 (95% CI: 0.621, 0.861) para las frutas y 0.970 (95% CI: 0.918, 1.024) para las verduras. Como los autores tuvieron acceso a artículos en chino, el número de estudios examinado es mayor en este análisis.

Los frutos secos

Los frutos secos también parecen asociarse inversamente a la hipertensión. En un metanálisis de nueve estudios prospectivo5) se descubrió que comparados con personas que rara vez consumen frutos secos, quienes consumen más de dos porciones a la semana, tenían un riesgo de hipertensión un 8% más bajo (riesgo relativo acumulado = 0.92, 95% CI: 0.87, 0.97).

Esto es según un metanálisis previo realizado por Zhou y sus colegas6)(0 vs. 1 porción de frutos secos/d; RR: 0.81; 95% CI: 0.72, 0.91) y también por los resultados obtenidos por Schwingshackl y otros7)el cual incluyó cuatro estudios con 11.062 casos de incidencia de hipertensión y describe el riesgo relativo reducido de 15% al comparar la ingesta más alta (37 g/d) con la más baja (0 g/d). Esta asociación también siguió la curva de respuesta a la dosis en un metanálisis posterior.

Los lácteos

La evidencia observacional con respecto a los lácteos es inconclusa. Mientras algunos estudios hallan una asociación inversa entre el consumo de lácteos y la hipertensión, otros no lo hacen8)9)10)11).

Sin embargo, la mayoría de los metanálisis sobre estudios observacionales muestra una relación inversa del consumo de alimentos a base de lácteos y el riesgo de hipertensión.

Un metanálisis de Ralston y sus colegas12) examinó la asociación entre los alimentos a base de lácteos durante la adultez y el desarrollo de la hipertensión, específicamente al comparar la asociación entre la presión arterial y el consumo de lácteos bajos en grasa, frente a aquellos con un alto contenido de grasa y también el queso frente a la leche o el yogur. Al analizar cinco estudios de cohorte, los investigadores descubrieron un riesgo relativo de 0.87 en el consumo de lácteos (95% CI: 0.81, 0.94). Cuando se analizaron separadamente los lácteos ricos en grasa frente a los bajos en grasa, hubo solo una asociación significativa a los lácteos bajos en grasa (RR: 0.84; 95% CI: 0.74, 0.95). Con respecto a la leche y el yogur, se halló una reducción del riesgo similar (8%; 95% CI: 0.87, 0.98). No hubo asociación entre la hipertensión y el queso.

Un metanálisis previo sobre estudios de cohorte prospectivo conducido por Soedamah-Muthu13) obtuvo resultados similares; sin embargo, en este análisis el yogur no se asoció significativamente a la incidencia de la hipertensión.

El metanálisis de Schwingshackl y sus colegas14) examinó nueve de los estudios prospectivo y comparó una ingesta diaria de 0 frente a 800 gramos al día. La ingesta más alta frente a la más baja tuvo una reducción del riesgo relativo de 11% (95% CI: 0.86, 0.93) y un incremento en la ingesta diaria de 200 g/d estuvo inversamente asociado al riesgo de hipertensión en un 5% (95% CI: 0.94, 0.97) mostrando una asociación de respuesta lineal a la dosis. De manera interesante, no se observaron diferencias al comparar los lácteos bajos en grasa frente a los ricos en grasa.

El pescado y la carne

El consumo de pescado no parece asociarse al riesgo de hipertensión en estudios observacionales15)16).

En lo que concierne a la carne roja, se halló una asociación positiva entre el riesgo de hipertensión y su consumo (el más alto, por ejemplo, 121 g/d vs. el más bajo, por ejemplo, 0 g/d) (RR: 1.15; 95% CI: 1.02, 1.28). Cada porción diaria adicional de 100 g de carne roja se asoció a un incremento del 14% en el riesgo de hipertensión (RR: 1.14; 95% CI: 1.02, 1.28). Con respecto a la carne procesada (0 vs. 39 g/d los resultados fueron similares (RR: 1.12; 95% CI: 1.02, 1.23) y cada 50 gramos adicionales diarios causaron un aumento del riesgo en un 12% (95% CI: 1.00, 1.26).

Las bebidas azucaradas

Las bebidas azucaradas también se han asociado de manera positiva al riesgo de hipertensión (RR: 1.12; 95% CI: 1.06, 1.18 al comparar una ingesta diaria de 0 frente a 457 ml/d17).

Ha habido resultados similares en metanálisis previos18)19).

Los micronutrientes y la presión arterial

Las vitaminas, en especial la B6 (piridoxina) y el folato, desempeñan un rol en la hipertensión. Un estudio realizado en China descubrió que una ingesta más alta de vitamina B6 se asocia independientemente a un riesgo más bajo de hipertensión en adultos de las zonas rurales de China. Esta asociación fue mayor entre las mujeres con alta ingesta de folato20). La vitamina B6 abunda en vegetales como los garbanzos, papas, bananos y aguacates. El folato abunda en las frutas y verduras, especialmente las de hoja verde y las legumbres, las cuales proveen todos los nutrientes21). Además, la vitamina C puede disminuir el riesgo de hipertensión, ya sea por sí misma o como indicador de hábitos alimentarios saludables22). La deficiencia de vitamina C se considera un factor de riesgo para la hipertensión23)y la concentración de ascorbato sódico en plasma se vincula inversamente a la presión arterial24). Los alimentos con más alto contenido de vitamina C (medido como ácido ascórbico en plasma) se relacionan inversamente con la hipertensión. Esto sugiere que el riesgo de hipertensión se puede reducir al consumir alimentos ricos en vitamina C, como vegetales no procesados y frutas, además de dejar de fumar y otros hábitos alimentarios que previenen la disminución del ácido ascórbico25).

Amplios estudios poblacionales indican que demasiado sodio en la alimentación, especialmente la sal de mesa, es un factor etiológico importante para el desarrollo de la hipertensión26). En el estudio INTERSALT, una reducción en el consumo de sal de 5.8 g (100 mmol) se asoció a una disminución de 3.1 mm Hg en la presión arterial sistólica27).

Con respecto al consumo de sodio y potasio, la ingesta de potasio contrarresta el efecto adverso de la alta ingesta de sodio en la presión arterial y sugiere que una alimentación rica en potasio puede ser más efectiva que una reducción agresiva de la sal para prevenir la hipertensión28).

Así mismo, la ingesta alimentaria de magnesio es menor en personas de la mediana edad que sufren de hipertensión, alteración de la glucosa en ayunas y diabetes al compararlos con sujetos sanos. Esto indica que un aumento en el suministro de magnesio podría ser beneficioso para ellos29). Diversos estudios epidemiológicos han demostrado la relación inversa entre la ingesta de magnesio y el riesgo de desarrollar hipertensión30)31)32). Un metanálisis de más de 10 estudios de cohorte prospectivo, con los que observaron a más de 180.000 participantes, corroboró estos hallazgos y mostró una reducción del riesgo relativo de 8% en el grupo con la mayor ingesta de magnesio al compararlo con el de más baja ingesta. Un incremento de 100 mg/d en el consumo de magnesio se asoció a una reducción del riesgo de hipertensión de 5%33).

Sobre el hierro hemo, derivado principalmente de la carne roja, a través de un estudio poblacional34) se descubrió que la alta ingesta está directamente relacionada con la hipertensión, ya que puede conllevar a una sobrecarga, la cual puede generar peroxidación lipídica, especies reactivas de oxígeno y estimular la producción de mediadores inflamatorios. El hierro no hemo se asoció inversamente a la hipertensión. Sin embargo, los resultados de estas asociaciones no fueron significativos, lo cual hace necesaria una mayor investigación.

También se ha estudiado el consumo alimentario de nitratos de los vegetales para el control de la hipertensión. Jonvik y sus colegas descubrieron que la “ingesta de zumo de remolacha rico en nitratos, bebidas de rúcula y de espinaca aumentan efectivamente el nitrato en plasma y las concentraciones de nitritos y disminuye la presión arterial inclusive más que el nitrato sódico”35) Otros descubrieron que más allá de un posible efecto de disminución de la presión arterial, la suplementación con nitratos inorgánicos puede brindar múltiples efectos beneficiosos adicionales, al incluir mejoras en la función endotelial, reducciones en el gasto de oxígeno al ejercitarse, el mejoramiento de la función cognitiva, la protección contra la lesión de isquemia y reperfusión y efectos positivos potenciales sobre el metabolismo36).

Los antioxidantes también parecen tener efectos antihipertensivos. Nurses' Health Studies I y II y Health Professionals Follow-Up Study, los cuales analizaron el consumo de flavonoides, incluidas todas sus categorías, revelaron que los participantes en el estudio, con los mayores quintiles de ingesta de antocianina, predominantemente de arándanos y fresas, tuvieron un riesgo de hipertensión un 8% menor que los participantes con los quintiles más bajos37).

Estos hallazgos también fueron corroborados por un estudio de cohorte prospectivo de más de 40.000 francesas: las mujeres con los mayores quintiles de ingesta total de flavonoides obtuvieron un 10% de reducción en el riesgo de hipertensión en comparación con las mujeres con los quintiles más bajos38).

La proteína y la presión arterial

El estudio transversal INTERSALT39)40) ha demostrado que la ingesta más alta de proteína puede reducir la presión arterial. Al comparar sujetos que consumían 81 frente a 44 g de proteína diariamente, se demostró que la presión arterial con una alimentación rica en proteína fue de 3.0/2.5 mm Hg más baja. En el estudio MRFIT41) )) sí se pudo determinar una relación inversa de la ingesta de proteína con el nivel de presión arterial. La proteína animal parece ser menos efectiva que la proteína no animal o vegetal42). Estos resultados son corroborados por un análisis prospectivo del llamado estudio de cohorte NutriNet-Santé, el cual examinó la incidencia de la hipertensión en 80.426 adultos franceses43). Al comparar el cuarto con el primer quartil, descubrieron un cociente de riesgo de 1.26 (95% CI: 1.11, 1.43) con la proteína animal y un cociente de riesgo de 0.85 (95% CI: 0.75, 0.95) con la proteína vegetal.

La fibra y la presión arterial

En el Fukuoka Diabetes Registry de Japón, la ingesta de fibra alimentaria se asoció a una prevalencia reducida de obesidad abdominal, hipertensión y síndrome metabólico44). La fibra alimentaria solo se encuentra en vegetales y abunda en la alimentación a base de vegetales no procesados. En el estudio actual, la sensibilidad a la insulina mejorada por la fibra, contribuyó a sus efectos de reducción de la presión arterial y una ingesta alta se asoció negativamente a la presión arterial sistólica y a la hipertensión45).

Un estudio transversal reciente46) en adolescentes mostró que un incremento en el consumo de fibra alimentaria (38 g vs. 12 g en hombres, 25 vs. 9.9 g en mujeres) disminuyó la presión arterial en 6.3/5.2 mm Hg en hombres y 3.7/3.0 mm Hg en mujeres. Sin embargo, solo la absorción de fibra soluble, por ejemplo, la pectina, la inulina y la oligofructosa, que se encuentran especialmente en las frutas y verduras, se asoció a la presión arterial.

El metabolismo ácido-base

Krupp y sus colegas hallaron relaciones positivas significativas entre la presión arterial alta sistólica y diastólica en niños y tres biomarcadores de carga ácida alimentaria (carga ácida renal potencial alimentaria y urinaria y la excreción neta ácida urinaria) independientemente del IMC y la estatura47). Esto concuerda con otros estudios que encuentran vínculos entre la carga ácida alimentaria y la hipertensión en los adultos48)49)50). Sin embargo, con otros estudios no lograron hallar una asociación entre la carga ácida alimentaria y la presión arterial en adultos mayores51)52).

En otro estudio53)Krupp y sus colegas notaron que “las dietas ricas en frutas y verduras, como Dietary Approaches to Stop Hypertension (DASH) usualmente se caracterizan por un alto consumo de potasio y una carga ácida alimentaria reducida y se ha demostrado que reduce la presión arterial”.

Según Zhang y sus colegas: “las dietas occidentales contemporáneas contienen precursores ácidos en exceso frente a los precursores de base, lo cual conlleva a la acidosis crónica metabólica de bajo grado”.54) Al examinar los datos del Nurses’ Health Study II, descubrieron una asociación entre la ingesta de proteína animal, la carga ácida neta y la incidencia de hipertensión. De manera similar, Hojhabrimanesh y sus colegas descubrieron que “un patrón alimentario occidental se asocia a la presión arterial alta en adolescentes iraníes”.55)

Los patrones alimentarios específicos

Los estudios sobre nutrientes individuales o grupos de alimentos son necesarios para comprender mejor su vínculo con la presión arterial, pero hay limitaciones sobre la metodología y las recomendaciones, ya que las personas consumen comidas que consisten de varios alimentos en diferentes combinaciones, no nutrientes individuales.

Por ello es que la investigación se enfoca cada día más en los patrones alimentarios, abarcando un panorama más amplio del consumo real de alimentos y la composición de los nutrientes lo cual es más relevante para predecir el riesgo de enfermedades.

Un análisis sistemático de la literatura en Brasil que aplica la aleatorización mendeliana sobre el genotipo de persistencia de lactasa descubrió que éste estaba positivamente asociado al IMC y el sobrepeso o la obesidad. Sin embargo, no hubo asociaciones meta-analíticas confiables entre los genotipos de persistencia de lactasa y la presión arterial, lo cual no respalda la noción de que la leche está causalmente asociada a la presión arterial más baja56).

Los investigadores de Adventist Health Study-257) concluyeron que los vegetarianos, especialmente los veganos, todos con diversas características excepto una alimentación estable, sí tienen presiones arteriales sistólica y diastólica más bajas y menor probabilidad de hipertensión que los omnívoros (0.57 y 0.37, respectivamente). Comparados con los vegetarianos, los veganos tomaron menos antihipertensivos y, aún después de ajustar su IMC, aún tenían lecturas de baja presión arterial.

Un análisis restrospectivo de un cohorte de intervención alimentaria halló que la dieta vegana baja en grasa, a base de almidón, consumida a voluntad durante 7 días, resultó en cambios favorables significativos en biomarcadores comúnmente evaluados que se utilizan para predecir el riesgo futuro de enfermedades cardiovasculares y metabólicas. Aunque la mayoría de los antihipertensivos y los medicamentos antihiperglicémicos se redujeron o suspendieron para el valor basal, la presión arterial sistólica disminuyó en un promedio de 8 mm Hg (p < .001) y la diastólica en un promedio de 4 mm Hg (p < .001). Para pacientes con hipertensión (con una presión arterial de ≥140 mm Hg, como valor basal, la reducción de la presión arterial fue aún más pronunciada con un promedio de -18/11 mm Hg58).

Síntesis

El tema común en estudios observacionales sobre la nutrición y la hipertensión es que las dietas ricas en frutas y verduras, legumbres y granos enteros, especialmente alimentos ricos en potasio, magnesio, fibra alimentaria, vitamina B6, folato y nitratos se asocian a una presión arterial reducida. Las dietas ricas en carne roja y procesada, sal y azúcar se asocian a un aumento de la presión arterial.

Este artículo es parte de la serie "Prevenir y tratar la hipertensión con la alimentación“.

Bibliografía   [ + ]

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